Concentración de la población

 Tiene una población distribuida muy desigualmente. Los espacios de mayor poblamiento son el centro de México, América Central y el Caribe, los valles centrales de Colombia, el litoral de Venezuela, la costa Sudeste del Brasil y la zona del Río de la Plata. Estas concentraciones humanas se explican por factores tanto geográfico-físicos como histórico-culturales. Entre los primeros destacan las condiciones climáticas más benignas de las tierras altas del medio tropical, las áreas de suelos aptos para los cultivos de plantación (café, cacao, algodón, caña de azúcar, plátanos), la disponibilidad de pastos naturales para la ganadería y la existencia de importantes depósitos de combustibles fósiles (petróleo). Entre los factores histórico-culturales que explican las actuales concentraciones de población tenemos: los asentamientos históricos de larga data (meseta central mexicana), las zonas de desembarco de oleadas inmigratorias extracontinentales (islas caribeñas, costa atlántica sudamericana), y el desarrollo industrial en áreas urbanizadas (Caracas, Maracaibo, Buenos Aires, Santiago de Chile). Naturalmente ambos tipos de factores interactúan en las distintas regiones. Así, por ejemplo, en las tierras altas de México se desarrolló tempranamente el imperio Azteca, por lo que hoy existe allí una gran actividad industrial que favorece la concentración demográfica. En el Sudeste del Brasil se encuentran suelos óptimos para el desarrollo de la producción cafetalera, rubro que no solo atrajo mano de obra de manera creciente, sino que además estimuló el desarrollo portuario e industrial de esa zona, incorporándose a ella una cantidad significativa de inmigrantes europeos que intensificaron el flujo comercial entre Sudamérica y Europa.

Espacios débilmente poblados

En América también existen espacios geográficos que por sus condiciones físicas y climáticas, dificultan los asentamientos de población permanentes y numéricamente significativos. Son los casos de la Amazonia, área de densa selva tropical, el desierto de Atacama por su extrema aridez, la zona andina de latitudes medias altas cubierta con nieves eternas, islas e islotes de tundra de Chile Austral y la fría meseta patagónica argentino-chilena.

Población y territorio

Los países con una superficie reducida tienden a mostrar una alta densidad poblacional. Son los casos de El Salvador (262,2 hablkm2, 1993), Haití (248,8 hab/km2, 1993) y República Dominicana ( 157,5 hablkm2, : 1993). Otros ejemplos más extremos, debido a que la densidad de los territorios no alcanza el kilómetro cuadrado, son las Islas Vírgenes occidentales de Estados Unidos (0,2 kin2) y Granada (0,3 km2)con 356 y 303 hab/km2, respectivamente. La cantidad de habitantes por km2 es un dato poco relevante, ya que no nos informa del modo como se distribuye la población al interior de un país determinado. De hecho, en cada país hay áreas de extensión más o menos reducida, con una alta concentración de población y, por lo tanto, con densidades demográficas importantes. En estas zonas las condiciones climáticas, los recursos naturales, la oferta de servicios e industrialización, contribuyen a explicar dicho fenómeno. A la inversa, también encontramos áreas extensas poco pobladas, de baja densidad demográfica. Brasil, por ejemplo, es un país con una gran superficie (8.512.000 km2) y tiene la mayor población de Latinoamérica (164.400.000 habitantes); Sin embargo, su densidad (19 hablkm2) es bastante inferior a la de México (47 hablkm2). La información de su densidad nacional resulta poco significativa si consideramos que una extensa zona de su superficie, la cuenca amazónica, es anecúmene, es decir, poco habitable, al contrario de lo que ocurre en las regiones costeras.

Índices demográficos

A nivel mundial, la población de Latinoamérica y el Caribe registra índices muy positivos en varios aspectos. Por ejemplo, la tasa actual de crecimiento demográfico es considerablemente menor que la de la década de los '60, cuando muchos países se acercaron o superaron la tasa anual del 3%. En cambio, en el decenio 1980-1990, la tasa media anual solo fue de un 2,1 %, proyectándose para fines del siglo una tasa media anual de 1,7%. La tasa de fecundidad, es decir, el promedio de hijos por mujer, también descendió significativamente entre la década de los '60 (6,0 hijos por mujer) y la década de los '80 (3,4 hijos por mujer). Por otra parte, en este mismo lapso de tiempo la esperanza de vida al nacer aumentó de 56 a 67 años. El descenso de las tasas de crecimiento y fecundidad refleja cambios en el comportamiento de las personas frente a la procreación. En la actualidad muchas mujeres están capacitadas para trabajar fuera del hogar, lo que las lleva a postergar o distanciar los embarazos. Esta opción es favorecida por la alta difusión de distintos métodos anticonceptivos, a los que se puede acceder particularmente o bien son provistos por las instituciones públicas. En este último caso, el Estado busca regular el crecimiento demográfico con el propósito de alcanzar determinadas metas económicas y sociales, entre otras, detener la expansión de la pobreza. El aumento de la esperanza de vida está directamente relacionado con el descenso en las tasas de mortalidad y refleja los avances logrados en el campo de la salud pública, como el mejoramiento de la infraestructura sanitaria y la aplicación de campañas de vacunación para erradicar las enfermedades contagiosas.