Llanos del Orinoco
 

 

 

Llanos del Orinoco

La  región de Los Llanos ocupa la faja central de Venezuela, y abarca un área de unos 300000 km2. Se extiende desde el macizo de los Andes, al oeste, hasta las bocas del Orinoco, al este, a lo largo de más de 1300 Km. y con una anchura que oscila entre los 100 y los 400 Km. Si los Andes impresionan por la majestad de sus cumbres cubiertas de nieves perpetuas y el ascenso enérgico de las cordilleras sobre las llanuras inmediatas, Los Llanos resultan igualmente impresionantes para el viajero que los recorre y los ve extenderse hasta el horizonte, sin que presenten apenas cambios visibles en su relieve durante muchos kilómetros de extensión. Con la excepción de algunas alturas aisladas, como las de El Baúl y las mesas más altas de los Llanos orientales, toda esta gran región es una llanura ancha, muy plana o suavemente ondulada, que va descendiendo de norte a sur y de oeste a este. Junto a la serranía del Interior, al norte, y al pie de los Andes, al oeste. Alcanzan unos 200 m. de altitud, pero van disminuyendo imperceptiblemente hacia el Orinoco, con un desnivel tan pequeño que ha sido calculado en unos setenta centímetros por kilómetro. Dentro de esta vasta región es posible diferenciar tres subregiones: Los Llanos occidentales, los centrales y los orientales. En ninguna otra región de Venezuela poseen los ríos mayor significación geográfica que en los Llanos occidentales. Todos ellos pertenecen a la red fluvial del Orinoco y constituyen un elemento fundamental tanto del paisaje natural, que han contribuido a crear, como del paisaje cultural, ya que a lo largo de sus cursos se concentra la población y siguen siendo las principales vías de comunicación. Apure, Caparo, Guanare, Portuguesa, Cojedes, Arauca y Meta son los principales cursos fluviales de esta subregión. Desde el punto de vista del relieve y el drenaje, Los Llanos centrales difieren notablemente de los occidentales. En ellos es posible distinguir dos unidades geomórficas diferenciadas: Los Llanos de Calabozo y la cuenca del Unare. En los primeros, que ocupan la sección occidental de la subregión, el relieve es más accidentado que en Los Llanos occidentales. Al norte, la erosión diferencial ha dado origen a colinas y cerros residuales, constituidos por las rocas más resistentes. Por el contrario, hacia el sur el relieve se va suavizando cada vez más. Los Llanos orientales, en su mitad occidental, están dominados por las mesas, cuya altitud oscila entre los 180 y los 215 m y que presentan un ligero declive de norte a sur. Estas mesas sirven de divisoria de aguas entre la cuenca del Unare y la vertiente oriental de Los Llanos de Monagas, hacia donde corren los mayores  ríos de la región: Guanipa, Morichal Largo, Tigre, Caris, etc.

 

El régimen climático

 

El régimen climático de Los Llanos es el de sabana. Se caracteriza por tener temperaturas altas durante todo el año; la media del mes más frió se sitúa por encima de los 18°. En cuanto a las precipitaciones, existen dos estaciones contrapuestas: la de las lluvias, de mayo a noviembre, y la seca, de diciembre al mes de abril. Esta distribución es un factor decisivo en el proceso de la vida y en las actividades económicas llaneras. La sucesión de la estación lluviosa, proclive a inundaciones y paralizadora de casi toda la actividad en grandes sectores de la región, y la sequedad agobiante de la estación siguiente han sido descritas dramáticamente por numerosos escritores, geógrafos y exploradores. Entre los primeros, es memorable Rómulo Gallegos, cuya Doña Bárbara es, por antonomasia, la novela de Los Llanos

 

Vegetación y fauna

 

La sabana es la formación vegetal dominante en Los Llanos. Aunque con este término se identifica generalmente al paisaje de las llanuras extensas y sin árboles, en el que predominan las gramíneas, en Los Llanos no hay áreas mayores de diez kilómetros cuadrados desprovistas de árboles. Pequeños bosques, denominados matas, interrumpen la extensión herbácea, sobre todo, los "bosques de galería" que se prolongan a lo largo de los ríos. En estos bosques son característicos los morichales; la palma moriche, que les da nombre, constituye un recurso de muchas aplicaciones. Su fruto es una valiosa fuente de aceite, sus hojas proporcionan fibras textiles y su madera es muy apreciada para la construcción. Pero el rey de los árboles llaneros es el araguaney, árbol nacional de Venezuela, cantado por Rómulo Gallegos. Alcanza hasta diez metros de altura y florece cuando pierde las hojas, en la estación seca. Antes de la introducción de la ganadería vacuna y caballar por los colonos españoles, las llanuras herbáceas de las sabanas sostenían una población animal muy numerosa. Todavía a principios del siglo XIX, en Los Llanos pastaban grandes manadas de venados y de chigüires, cuya presencia era, a su vez, sostén de millares de jaguares y de pumas. Actualmente, la fauna de mamíferos es muy reducida. Las aves, tan numerosas en otros tiempos, subsisten aún, pero su número también ha decrecido. La fauna avícola llanera, en la que abundan las garzas y los patos es en gran parte migratoria, y la estación de las lluvia; es su periodo de mayor concentración, en las zonas inundadas.