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Revolución Francesa
Revolución Francesa
 

El Consulado



El 10 de noviembre de 1799 se nombraron los tres cónsules que dirigirían los destinos de Francia. Ellos fueron el Abate Sieyes, Roger Ducos y Napoleón Bonaparte.
Los cónsules habían recibido el encargo de redactar una nueva Constitución. Esta fue la del año VIII e instauró el régimen del Consulado, el cual, bajo las apariencias de ser republicano, restauró el régimen monárquico con dos poderes: Legislativo y Ejecutivo.
El poder Ejecutivo se formaba con tres cónsules, pero todo el poder recaía en manos de Napoleón. El poder Legislativo constaba de un Consejo de Estado, que proponía las leyes; el Tribunado, que las discutía, y el Cuerpo Legislativo que, compuesto por trescientos miembros, aceptaba o rechazaba las leyes sin mayor discusión. Por su parte, el Senado se encargaba de vigilar el cumplimiento de la Constitución.
Al iniciarse el siglo XIX (1800) el pueblo francés ratificó la Constitución del año VIII y nombró cónsul a Napoleón por un período de diez años, secundado por Lebrun y Cambacéres.
La primera medida tomada por Napoleón fue preocuparse de la estructura administrativa del Estado. Así se volvió al sistema centralizado, con excepción de los asuntos de la policía. Dicha reforma también alcanzó la esfera de los Tribunales de Justicia.
Otra medida de importancia asumida por Napoleón fue la firma del Concordato con la Santa Sede en el año 1801. Por este acuerdo se terminó el cisma de la Iglesia francesa, ya que el Papa se comprometía a pedir la renuncia a los obispos refractarios y Napoleón, a los constitucionales. Los nuevos prelados serían nombrados por el Estado francés e investidos por el Papa. Napoleón se comprometía, además, a reconocer que la religión católica era la de la mayoría de los franceses.
Por último, se dejó muy en claro, a través de una ley, que el catolicismo no se había convertido en religión de Estado. El galicanismo, doctrina que imponía restricciones a la autoridad del Papa en beneficio del regalismo de Estado, tuvo validez legal.
En asuntos exteriores, el Consulado debió enfrentar la Segunda Coalición, formada por Inglaterra, Rusia, Turquía, Austria y las Dos Sicilias. La campaña más destacada de esta guerra fue la de 1800. Durante ella Napoleón pasó los Alpes y venció a los austríacos en la batalla de Marengo. Luego, en la batalla de Hohenlinden, el general Moreau venció a los ejércitos coaligados.
El resultado de esta campaña determinó la firma de dos tratados de paz: el de Lunnevil/e, Francia (1801) y el de Amiens, Francia (1802). En el primer tratado, Austria reconoció la existencia de varias repúblicas italianas y devolvió los territorios ocupados en guerra, en tanto que en el segundo, Inglaterra reconoció a la República Francesa y se comprometió a devolver sus colonias retenidas desde los inicios de la revolución, con la excepción de la Isla Trinidad en América. En 1802Napoleón se proclamó Cónsul Vitalicio, lo que le ocasionó impopularidad y desprestigio. Así surgió una conspiración conocida con el nombre de monárquica (1804), en la cual resultaron acusados Cadoudal, el Duque de Enghien y los generales Moreau y Pichegrú. Moreau se pasó a los ejércitos alemanes y Pichegrú se suicidó en prisión, Enghien fue fusilado y Cadoudal, guillotinado. Con estas acciones terminaba la conspiración y Napoleón tenía motivos suficientes para declararse emperador.
 

    

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