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Renacimiento
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Compañía de Jesús
 

 

 

 

A través de sus diversos avatares históricos, la Compañia de Jesús, cuyos miembros son llamados jesuitas, supo perseverar en los ideales de servicio a la fe católica que inspiraron su creación.

La Compañia de Jesús es una orden religiosa masculina fundada por el sacerdote espa?ol san Ignacio de Loyola en 1540 como "un escuadrón de caballería ligera" a disposición del papa. La actividad intelectual, pedagógica, misionera y asistencial de los jesuitas se caracterizó siempre por buscar la línea en la que prestar mayor servicio a la iglesia -su lema es "A la mayor gloria de Dios" (A.M.D.G.)-, como consecuencia de lo cual recibirían los más radicales rechazos y los más exaltados elogios.

Fundación de la orden

  Durante la convalecencia de una herida recibida en 1521 en la defensa de Pamplona, san Ignacio de Loyola experimentó una profunda conversión espiritual, inspirada por la lectura de las vidas de los santos, que le decidió a emularlos y entregarse al servicio de Cristo.
 
Retirado en una cueva de Manresa, cercana al santuario catalán de la Virgen de Montserrat, practicó y redactó sus Ejercicios espirituales, y concibió una primera idea de lo que habría de ser la Compañia de Jesús: la imitación de la vida de Cristo, a ser posible en la misma Jerusalén.  Más tarde, mientras estudiaba teología en París, atrajo con los ejercicios espirituales a seis entusiastas compa?eros, y juntos hicieron voto de pobreza, castidad y obediencia y de peregrinar a Jerusalén. El papa Paulo III aprobó en 1540 el Instituto de la Compañia de Jesús, y al a?o siguiente san Ignacio fue elegido general superior.

Innovaciones y organización
 
El ansia de dar mayor agilidad y eficacia a la nueva orden llevó a san Ignacio a suprimir la obligatoriedad de algunas prácticas religiosas tradicionales, como la asistencia diaria al oficio litúrgico en el coro o determinadas penitencias y ayunos. Puso en cambio énfasis en la obediencia, e introdujo un voto especial de obediencia al papa. Reforzó además el principio de autoridad y de ordenamiento jerárquico, si bien, por otro lado, estableció los votos de tal forma que resultara más sencillo desligarse de la Compañia de Jesús que de otras órdenes.

La orden está organizada en provincias, extendidas por todo el mundo, gobernadas por un prepósito provincial, y agrupadas en asistencias. El poder supremo dentro de la orden radica en la congregación general, a la que asisten todos los provinciales acompa?ados de dos delegados elegidos por cada congregación provincial. La congregación general elige a un prepósito general vitalicio (aunque podría ser depuesto por otra congregación general), que gobierna conforme a las constituciones y reglas aprobadas por el papa o por las congregaciones generales.
 
 

Expansión de los jesuitas
 
 Durante el siglo XVI la Compañia de Jesús se extendió rápidamente por toda Europa, y se identificó con la contrarreforma, o reforma interna de la Iglesia Católica para contrarrestar la Reforma luterana.

Sus principales actividades fueron la participación en el concilio de Trento y en las disputas teológicas, la predicación, la ense?anza -basada en la llamada Ratio studiorum, y que abarcaba desde impartir el catecismo a ni?os y "rudos" hasta la creación de seminarios como el Colegio Romano (1551), posterior Universidad Gregoriana- y la asistencia a humildes, encarcelados y soldados. Desde sus comienzos, la orden se entregó también a las misiones entre los infieles y dio ejemplos tan manifiestos como el de san Francisco Javier, misionero en la India y Japón y muerto ante las puertas de la China, y el de san Pedro Claver, que se proclamó esclavo de los esclavos negros desembarcados en Cartagena de Indias.
 
En el siglo XVII se afianzaron las obras emprendidas por los jesuitas, y en Europa muchos reyes los tomaron como confesores (Luis XIV de Francia, Mariana de Austria -esposa de Felipe IV de Espa?a-, Juan IV de Portugal, Augusto II de Polonia). De hecho, los ataques dirigidos contra ellos por pensadores como el francés Blaise Pascal, representante de las ideas jansenistas, se centraban en el pragmatismo moral y las actividades políticas de la Compañia. En las misiones, los jesuitas Roberto Nobili y Mateo Ricci iniciaron una revolucionaria adaptación a las costumbres de los brahmanes y de los mandarines que suscitó grandes controversias. En el Paraguay, la orden creó las denominadas reducciones, una floreciente organización política y social entre los indígenas.

Supresión y restauración de la Compañia de Jesús
 
Las ideas enciclopedistas y los gobiernos europeos del siglo XVIII, con su espíritu anticlerical y contrario a la intervención del papado en asuntos políticos, se enfrentaron especialmente contra los jesuitas. Éstos fueron expulsados de Portugal y sus posesiones ultramarinas en 1759, de Francia en 1764 y de Espa?a y sus dominios en 1767.  La presión de las monarquías obligó al papa Clemente XIV a decretar en 1773 la supresión de la Compañia de Jesús. Sin embargo, los jesuitas, que continuaron en Prusia hasta 1780, se mantuvieron en Rusia, donde no se promulgó nunca el decreto papal.

En 1814 el papa Pío VII restableció la Compañia de Jesús, ante la demanda general de que prosiguiera su labor de ense?anza y evangelización misionera, y posteriormente los jesuitas llegaron a ser la orden religiosa masculina más numerosa. Su variada actividad alcanza especial relevancia en la ense?anza, con centros que abarcan desde la ense?anza media a numerosas instituciones de instrucción superior, entre ellas la Universidad Gregoriana de Roma. Su acción se extiende también al campo de las comunicaciones, a los movimientos ecuménicos y al ámbito social y laboral.

 

Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.