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ÍNDICE

Alejandro VI
Alighieri, Dante
Boccaccio, Giovanni
Brunelleschi, Filippo
Bruno, Giordano
Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez
Carlos V
Castiglione, Baltasar
Clemente VII
Colon , Cristobal
Contrarreforma
Copérnico, Nicolás
Cortés, Hernan
Des Pres, Josquin
Dias, Bartolomé
Elcano, Juan Sebastian
Enrique el Navegante
Calvino, Juan
Enrique  VIII
Escorial, el
Fernando II el Católico
Ficino, Marsilio
Galileo
Gutemberg, Johannes
Humanismo
Imprenta
Inquisición
Inquisición
Compañía de Jesús
Knox, John
Lutero, Martín
Magallanes, Fernando
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Masaccio
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Giovanni Pico de la Mirandola
Moro, Tomas
Pablo III
Palestrina
Paz de Augsburgo
Petrarca
Pizarro, Francisco
Reforma
Renacimiento
Rotterdam, Erasmo de
San Carlos Borromeo
San Felipe Neri
San Ignacio de loyola
San Juan de la Cruz
Santa Teresa de Jesús
Savonarola
Sforza
Trento, Concilio
Valla, Lorenzo
Vives, Juan Luis
Zuinglio, Ulrico
 
 
Renacimiento
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RENACIMIENTO

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INDICE
Historiografía
Política
Economía y sociedad
El humanismo
Reforma y contra reforma
La era de los grandes inventos y descubrimientos geográficos
Arte
Italia
Difusión del arte renacentista
Literatura
Música

El descubrimiento y exploración de nuevos continentes, el auge del individualismo y la visión antropocéntrica del mundo, la aplicación de importantes inventos como la brújula y la imprenta, la afirmación de los estados nacionales y la difusión de unas formas artísticas inspiradas en el mundo grecolatino, definieron la configuración del Renacimiento, un brillante período de la cultura europea inmediatamente posterior a la edad media.

El Renacimiento fue un movimiento cultural de los siglos XV y XVI, iniciado en Italia y propagado por Europa, que por extensión acabó dando nombre a un período de la civilización occidental caracterizado por la vuelta a la antigüedad clásica como reacción contra la mentalidad teológica medieval.

    Considerado en un principio por eruditos e historiadores como un resurgir de la cultura clásica tras un largo declive medieval, posteriormente el término ha ido adquiriendo también una serie de connotaciones políticas, económicas e incluso religiosas. Aunque, por lo general, se ha creído que fue completamente opuesto al Medioevo, algunas tendencias historiográficas tienden a ver el Renacimiento más como un proceso evolutivo que como un corte profundo, ya que diversas transformaciones propiamente renacentistas habían sido ya apuntadas a comienzos del siglo XII, entre ellas el retroceso de la influencia de la Iglesia Católica y del Sacro Imperio Romano germánico, la aparición de ciudades-estado, el desarrollo de las lenguas nacionales y el resquebrajamiento de las estructuras feudales.

Historiografía

    Los propios artistas de los siglos XV y XVI, como Giorgio Vasari, ya empleaban el término Renacimiento para hacer referencia a la recuperación de las formas artísticas de la antigüedad tras la oscura época medieval. Los primeros pasos en la definición historiográfica, del período se dieron en el XVIII con el racionalismo al formularse la antítesis entre edad media (período que no se regía por la razón) y Renacimiento; además, algunos hombres de letras como el francés Voltaire o el británico Edward Gibbon comenzaron a considerar la caída de Constantinopla en 1453 como un hecho trascendental para occidente, ya que dicho acontecimiento permitió conocer en mayor profundidad la cultura grecolatina. Otro historiador británico, William Roscoe, en su libro The Life of Lorenzo de' Medici (1976; La vida de Lorenzo de Medici) demostró por vez primera el papel primordial que había ejercido Florencia en el siglo XV.
 

    En el siglo XIX se sistematizaron los estudios sobre el Renacimiento. Fue Jules Michelet en La Renaissance (1855) quien asentó el término para aludir a una época cultural e histórica. Coetáneo de Michelet fue el gran historiador Jacob Burckhardt, autor de Die Kultur der Renaissance in Italien (1860; La cultura del Renacimiento en Italia), donde consideró que el arte renacentista fue la más alta cota alcanzada por la Europa moderna, ya que logró un perfecto equilibrio entre realismo e idealismo. Posteriormente, el siglo XX vio la aparición de numerosos estudios sobre el arte del período como los de Erwin Panofsky, André Chastel y Rudolf Wittkower.

Política

    Hacia el siglo XIV, la baja edad media se encontraba en pleno declive, y con ella parte del sistema feudal. El Sacro Imperio Romano germánico, que había luchado anteriormente contra el papado por el control de Italia y el logro de una Europa unida, se hallaba muy debilitado y fragmentado entre distintas familias nobiliarias rivales, sobre las que emergía la autoridad casi honorífica del emperador. La crisis afectaba también a la Iglesia Católica, que primero vio trasladada temporalmente su sede pontificia en 1309 a Aviñón, en el sur de Francia, y luego sufrió el llamado cisma de occidente, en el que el mundo cristiano se dividió entre los partidarios del Papa Urbano VI y los del antipapa Clemente VII.
 

    La reorganización política se inició en Italia a fines del siglo XIII con su desvinculación del poder imperial y su fragmentación en diversas ciudades-estado que pasaron de un régimen comunal o municipal a otro señorial, ejercido por ciertas familias nobles (Gonzaga, Sforza, Medici). Más tarde, estas ciudades se convirtieron en el centro de los variados estados italianos de la época moderna (las repúblicas de Venecia y de Florencia, el ducado de Milán, el reino de Nápoles y los Estados Pontificios), que mantuvieron entre ellos constantes conflictos por lograr la hegemonía.
 
 

Esta fragmentación no persistió en otros territorios europeos donde, en cambio, se configuraron diversas monarquías nacionales y autoritarias: los Reyes Católicos en España (Fernándo e Isabel), Enrique VII en Inglaterra y Luis XI en Francia. Ello se debió, en primer lugar, a la consolidación de la autoridad del soberano frente al poder de la nobleza. Estos nuevos estados modernos se caracterizaron por la centralización, la organización administrativa, la creciente burocratización y la creación de un poderoso ejército. En la implantación de estos regímenes autoritarios tuvo gran importancia el cambio producido en la mentalidad política que, basándose en el derecho romano y la filosofía aristotélica, legitimaría la autoridad suprema del monarca y la existencia de un estado fuerte y organizado. La gran figura del pensamiento político fue el florentino Nicolás Maquiavelo, autor de Il príncipe (1513), donde expresaba las cualidades de todo buen gobernante.

Economía y sociedad

    Aunque la base de la economía seguía siendo la agricultura cobraron un gran impulso la industria textil, la minería y, sobre todo, las actividades comerciales gracias al auge de las ciudades mediterráneas (Venecia, Marsella, Nápoles) y del norte de Europa (Amberes, Amsterdam, Hamburgo). La creciente importancia del sector comercial trajo consigo la formación de grandes riquezas familiares, como las de los Medici, los Strozzi o los Fugger, que permitieron a dichas familias su intervención directa en la política o su apoyo a las monarquías que atravesaban crisis económicas.

    El descubrimiento de América supuso un hecho trascendental para la vida económica del Renacimiento, ya que se abrieron nuevos mercados, florecieron ciudades de la fachada atlántica, como Sevilla y Lisboa, y fluyeron los metales y las riquezas, que proporcionaron grandes beneficios a burgueses y banqueros y sirvieron a España para llevar a cabo una vasta política de intervención en gran parte de Europa y el Mediterráneo. Sin embargo, la excesiva afluencia de tesoros americanos al continente europeo favoreció una alarmante subida de los precios debido a la abundante moneda en circulación.

    La desaparición de las grandes pestes medievales, el auge de la vida urbana y ciertas mejoras en la forma de vida ocasionaron un crecimiento demográfico evidente en casi toda la Europa occidental, marcado por una fuerte tasa de natalidad y un descenso de la mortalidad infantil. Las principales zonas de poblamiento eran el norte de Italia, los Países Bajos y el centro de Francia.
 

    La estructura social estaba encabezada por la nobleza, que se había instalado en las grandes ciudades, en lujosos palacios o mansiones, seguida por la alta burguesía, enriquecida con el comercio y los negocios financieros. El estrato inferior lo ocupaban los campesinos, que vivieron una situación bastante desfavorable y recurrieron a menudo a las revueltas, creando un clima de inestabilidad social.

El humanismo


El espíritu renacentista se expresó tempranamente a través del humanismo, movimiento intelectual que se inició y alcanzó su apogeo primeramente en Italia, protagonizado por Gianozzo Manetti, Marsilio Ficino y Lorenzo Valla entre otros. Los humanistas quisieron dar respuesta a los interrogantes del momento y para ello recurrieron tanto al cristianismo como a la filosofía grecolatina, creando así un sistema intelectual caracterizado por la supremacía del hombre sobre la naturaleza y el rechazo de las estructuras mentales impuestas por la religión medieval. La intención del humanismo era desarrollar en el hombre el espíritu crítico y la plena confianza en sus propias posibilidades, rasgos que le habían sido vetados durante la época medieval.
 

De Italia, el humanismo se difundió hacia el norte extendiéndose por casi toda Europa gracias a la invención de la imprenta, que facilitó la divulgación de los textos clásicos y las nuevas ideas con gran rapidez. El más destacado humanista del norte de Europa fue Erasmo de Rotterdam, autor de Encomium moriae (1509; El elogio de la locura), alegato en defensa de la tolerancia y la libertad de pensamiento que resumía la esencia moral del humanismo. Entre los humanistas españoles sobresalió Juan Luis Vives.

Reforma y contrarreforma


    El esplendor intelectual conseguido por los humanistas contribuyó a la aparición de la Reforma, movimiento de rebelión contra la Iglesia Católica que convulsionó el centro de Europa durante el siglo XVI. Sería el alemán Martín Lutero, al colocar en 1517 en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg sus famosas 95 tesis, en las que atacaba entre otros problemas la venta papal de indulgencias, el detonante de la ruptura de la unidad religiosa europea.

 La actitud de Lutero no fue un hecho aislado ni circunstancial, sino que respondía a una época de crisis. La Reforma coincidió con un profundo descontento económico, el desprestigio de la jerarquía eclesiástica, la propagación de corrientes místicas, los continuos enfrentamientos bélicos y una desorientación espiritual generalizada. Era evidente, sobre todo entre el clero germánico, la necesidad de una reforma que devolviera a la iglesia la esencia del cristianismo.
 

El luteranismo, que rechazaba la autoridad del Papa, la mayoría de los sacramentos y el culto a la Virgen, y que defendía la libre interpretación de la Biblia y la prioridad de la fe sobre los actos como medio de salvación, no tardó en propagarse por todo el norte y centro de Europa, sobre todo entre la nobleza.
 

La reacción católica tuvo su primer protagonista en el emperador Carlos V (I de España), obsesionado por luchar contra los protestantes y conseguir la unidad religiosa. Pese a la victoria imperial en la batalla de Mühlberg en 1547, al final tuvo que firmarse la paz de Augsburgo en 1555, que confirmó la ruptura entre católicos y protestantes. La Iglesia Católica intentó además combatir a la Reforma mediante la llamada contrarreforma, movimiento de reacción que se apoyó en el Concilio de Trento (1545-1563) y en la Compañía de Jesús. El concilio reafirmó los dogmas católicos atacados por Lutero, fortaleció las jerarquías eclesiásticas y estimuló la enseñanza de la religión. Por su parte, la Compañía de Jesús, orden religiosa fundada en 1534 por el español Ignacio de Loyola, se propuso difundir, bajo las órdenes del Papa, la doctrina católica por toda Europa y el mundo; para ello, los jesuitas realizaron una amplia labor educativa, creando multitud de escuelas y universidades.
 

La era de los grandes inventos y descubrimientos geográficos


    El afán de conocimiento y el espíritu científico del hombre renacentista, cuyo mejor prototipo fue Leonardo da Vinci, provocaron una verdadera revolución. Se difundieron y perfeccionaron inventos orientales como la pólvora, que transformó la estrategia militar, y la brújula, que permitió los grandes descubrimientos geográficos. Quizá el hecho más sobresaliente fue la invención de la imprenta, atribuida al alemán Johannes Gutenberg, que perfeccionó los sistemas medievales de impresión al crear los tipos o caracteres metálicos móviles.

 El desarrollo de la cartografía, los avances en la navegación, el conocimiento de la brújula, la desaparición de las rutas comerciales caravaneras hacia el oriente por la presencia de los turcos otomanos y el espíritu dinámico y curioso del hombre moderno fueron factores que se conjugaron para hacer posibles los grandes descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI, en los que intervinieron sobre todo españoles y portugueses.
 

Las exploraciones portuguesas, impulsadas por Enrique el Navegante, estuvieron protagonizadas por Batolomeu Días, que llegó hasta el cabo de las Tormentas (posterior cabo de Buena Esperanza), en el sur de Africa; Vasco da Gama, que alcanzó las costas de la India; y Pedro Alvarez Cabral, que en el año 1500 arribó a Brasil.
 
 

Por su parte, los españoles se volcaron más hacia el Atlántico intentando llegar a las Indias por el oeste convencidos de la esfericidad de la Tierra. El pionero de estas exploraciones fue Cristóbal Colón, quien realizó cuatro viajes a las tierras que él creía la India y que resultaron ser todo un nuevo continente. El 12 de octubre de 1492, día en que la primera expedición de Colón tocó tierra, es considerado como la fecha del descubrimiento de América. Desde entonces y durante todo el siglo XVI, los españoles, seguidos de franceses, británicos y portugueses, se lanzaron al descubrimiento de las nuevas tierras: Hernán Cortés conquistó el imperio azteca, Vasco Núñez de Balboa llegó hasta el mar del Sur (posterior océano Pacífico), Francisco Pizarro dominó al imperio inca, Alvar Núñez Cabeza de Vaca recorrió el sur de lo que luego serían los Estados Unidos, y Juan Sebastián Elcano logró finalizar la primera circunnavegación de la Tierra, iniciada por Fernando de Magallanes.

Arte

El espíritu renacentista alcanzó su máxima expresión en las artes plásticas. Se trataba de un arte basado en la observación del mundo visible y en una serie de principios matemáticos y racionales, como equilibrio, armonía y perspectiva. Poco a poco se fueron sustituyendo las formas expresivas góticas por otras nuevas acordes a los modelos de la antigüedad clásica. En manos de hombres como Leonardo da Vinci, el arte no fue sólo una forma de plasmar la belleza, sino también una faceta del conocimiento, un medio para explorar la naturaleza y dejar constancia de los descubrimientos.
 

El origen del arte renacentista estuvo en Italia y se vio precedido por una fase protorrenacentista, el Trecento, desde fines del siglo XIII hasta fines del siglo XIV, animada por el espíritu cultural franciscano. El ejemplo de san Francisco impulsó a diversos poetas y artistas italianos a valorar la naturaleza. Las obras del más destacado pintor trecentista, Giotto, revelan un nuevo estilo pictórico preocupado más por el espacio, los volúmenes y la penetración psicológica de los personajes que por las líneas decorativas y las composiciones hieráticas de sus predecesores como Cimabue, Duccio di Buoninsegna y Simone Martini.

Italia

El arte renacentista comenzó a manifestarse plenamente en el Quattrocento (siglo XV) en Florencia. La situación económica, social y cultural de esta ciudad era favorable al esplendor artístico. El orgullo de los florentinos se expresó en seguida en las estatuas de los santos patronos para los nichos de Or San Michele encargados por los gremios a varios artistas, entre ellos Donatello y Lorenzo Ghiberti, así como en la mayor cúpula construida desde la antigüedad y levantada por Filippo Brunelleschi en la catedral. En 1401 se convocó además en esta ciudad un concurso para realizar las puertas en bronce del baptisterio de San Giovanni, en el que resultó vencedor Ghiberti. El costo de estas obras escultóricas y arquitectónicas y la decoración de los palacios, iglesias y monasterios corrió a cargo de ricas familias de comerciantes y dignatarios, entre las que sobresalió la de los Medici.
 

El iniciador de la pintura renacentista fue Masaccio. La monumentalidad de sus composiciones y el alto grado naturalista de sus obras hacen de él una figura esencial de la pintura del siglo XV, como puede apreciarse en los frescos de la capilla Brancacci.

Coetáneos de Masaccio fueron fra Angélico, pintor idealista de escenas religiosas, y Paolo Uccello, preocupado por los escorzos (figuras en posturas oblicuas al plano de la obra artística) y las perspectivas. A la segunda mitad del XV pertenecieron Piero della Francesca, cumbre de la tendencia pictórica racionalista e investigadora, que se sintió atraído por el valor de la luz como elemento expresivo, y Sandro Botticelli, con quien triunfó un estilo sinuoso y refinado.
 
El alto Renacimiento o Cinquecento floreció entre 1490 y 1527, año en que Roma, que había sustituido a Florencia como centro artístico, fue saqueada por las tropas imperiales de Carlos V, y contó con tres figuras de primera magnitud: Leonardo da Vinci, Miguel Angel y Rafael. Cada uno de ellos personificó un aspecto peculiar de este período: Leonardo fue el arquetipo del hombre renacentista, un genio solitario que abarcó múltiples facetas del conocimiento; Miguel Angel encarnó el poder creador y concibió varios proyectos inspirándose en el cuerpo humano como vehículo esencial para la expresión de emociones y sentimientos; y Rafael ejemplificó el espíritu clásico de la armonía, la belleza y la serenidad.

    Aunque Leonardo fue reconocido en su propia época como un gran artista, autor de "La Gioconda" (o "Mona Lisa") y "La última cena", su constante interés por conocer la anatomía humana, el mecanismo del vuelo de las aves y la estructura interna de animales y plantas no le permitió producir una extensa obra pictórica. Los primeros ejemplos escultóricos de Miguel Angel, como el "David", revelan una gran habilidad técnica que le facilitaría posteriormente el curvar sus figuras helicoidalmente, explotando las posibilidades expresivas de la anatomía humana. Pese a iniciarse como escultor, su obra más conocida es, sin embargo, el gigantesco fresco de la bóveda de la capilla Sixtina, en el que combinó la teología cristiana con la filosofía neoplatónica. Por su parte, Rafael, influido en su juventud por Leonardo y Miguel Angel, se distinguió en su preferencia por la armonía y la claridad clásicas, rasgos apreciables en una de sus obras más célebres, "La escuela de Atenas", en el Vaticano, fresco en el que representó juntos en tranquila conversación a diversos filósofos, artistas y hombres de ciencia, tanto de la antigüedad como coetáneos de él, dispuestos en un colosal escenario de recuerdos grecolatinos.

El creador del Cinquecento arquitectónico fue Donato Bramante, que llegó a Roma en 1499. Su primera obra maestra fue el templete de San Pietro in Montorio, de planta centralizada, similar a los templos circulares clásicos. El papa Julio II eligió a Bramante para edificar la nueva basílica de San Pedro, de gigantescas proporciones, que debía sustituir a la iglesia paleocristiana del siglo IV. El proyecto no fue completado hasta mucho después de la muerte de Bramante y en él intervinieron artistas como Rafael y Miguel Angel, que diseñó la enorme cúpula.

En Venecia, donde Antonello da Messina había introducido el óleo, técnica propia del norte de Europa durante el siglo XV, se sucedieron una serie de brillantes pintores -Giorgione,Tiziano, Tintoretto, Veronés, con quienes llegó a su máximo esplendor la escuela veneciana, caracterizada por el colorido, la luz vaporosa, la sensualidad y los temas paganos.
 

La difusión del arte renacentista

Fuera de Italia se extendieron con cierta rapidez las novedades estéticas italianas gracias al viaje de los artistas a Italia y a la difusión proporcionada por la invención de la imprenta. Si bien en la arquitectura tardaron un poco en imponerse los criterios renacentistas por la permanencia de los gustos góticos, en escultura y sobre todo en pintura llegaron a sobresalir los insignes artistas. En el norte de Europa, donde se había conocido el esplendor de la escuela gótica flamenca, minuciosa y de ricos cromatismos gracias al empleo del óleo, destacaron el grabador y pintor alemán Alberto Durero, que fusionó las estéticas gótica y renacentista con gran habilidad, y el flamenco Pieter Brueghel el Viejo, interesado en reproducir escenas de la vida cotidiana no exentas de ironía. En España, el arte del Renacimiento fue mucho más religioso que en el resto de Europa, fruto del espíritu de la contrarreforma, y alcanzó su mayor brillantez con la austera arquitectura de El Escorial, obra de Juan de Herrera, y con el Greco, cuyos cuadros se caracterizaron por unas figuras alargadas de marcada espiritualidad, una técnica suelta y una gama de colores y brillos de origen veneciano.
 

Literatura

Al igual que las artes plásticas, la literatura italiana vivió una época protorrenacentista personificada por Dante Alighieri, coetáneo de Giotto, cuya obra más representativa, la Divina comedia, pertenecía a la edad media por su construcción y sus ideas, mientras que su espíritu subjetivo y poderosa expresividad la acercaban al Renacimiento. Petrarca y Bocaccio también pertenecieron a los antecedentes de la literatura renacentista por sus estudios de la lengua latina y sus escritos en lengua vernácula.

El alto Renacimiento estuvo representado en Europa por insignes individualidades como el francés François Rabelais, el portugués Luis de Camões, el italiano Ludovico Ariosto y el británico Christopher Marlowe.

 

Música

  También la música alcanzó un enorme desarrollo en el Renacimiento, época en la que triunfó la música vocal polifónica (conjunto de varias voces e instrumentos formando un todo armonioso) y profana, ejemplificada en el madrigal. La coral Sixtina del Vaticano, que intervenía en los servicios religiosos cuando oficiaba el papa, atrajo a músicos e intérpretes vocales de toda Italia e incluso del norte de Europa. Entre sus miembros sobresalieron los compositores Josquin des Prés y Giovanni Pierluigi da Palestrina, maestro de la polifonía religiosa.

 

 

Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.