Búsqueda personalizada

ÍNDICE

Alejandro VI
Alighieri, Dante
Boccaccio, Giovanni
Brunelleschi, Filippo
Bruno, Giordano
Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez
Carlos V
Castiglione, Baltasar
Clemente VII
Colon , Cristobal
Contrarreforma
Copérnico, Nicolás
Cortés, Hernan
Des Pres, Josquin
Dias, Bartolomé
Elcano, Juan Sebastian
Enrique el Navegante
Calvino, Juan
Enrique  VIII
Escorial, el
Fernando II el Católico
Ficino, Marsilio
Galileo
Gutemberg, Johannes
Humanismo
Imprenta
Inquisición
Inquisición
Compañía de Jesús
Knox, John
Lutero, Martín
Magallanes, Fernando
Manierismo
Masaccio
Mediccis
Giovanni Pico de la Mirandola
Moro, Tomas
Pablo III
Palestrina
Paz de Augsburgo
Petrarca
Pizarro, Francisco
Reforma
Renacimiento
Rotterdam, Erasmo de
San Carlos Borromeo
San Felipe Neri
San Ignacio de loyola
San Juan de la Cruz
Santa Teresa de Jesús
Savonarola
Sforza
Trento, Concilio
Valla, Lorenzo
Vives, Juan Luis
Zuinglio, Ulrico
 
 
Renacimiento
Renacimiento

FRANCISCO PIZARRO
 

 

El Español Francisco Pizarro fue una de las más relevantes figuras en la historia del descubrimiento y la conquista de América. Se apoderó del imperio inca del Perú y fundó en las nuevas tierras la ciudad de Lima.  Francisco Pizarro nació hacia el ano 1475 en la ciudad extremeña de Trujillo, en la actual provincia Española de Cáceres. Hijo ilegítimo del capitán Gonzalo Pizarro y de Francisca González, Pizarro pasó gran parte de su niñez con sus abuelos paternos. Participó sin duda en las guerras locales entre señoríos y, al finalizar éstas, marchó a combatir a Italia. En 1502 se trasladó a La Española con la flota que acompañaba a Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador. Pizarro sentía, sin embargo, poca inclinación a la vida sedentaria del colonizador, por lo que en 1510 se alistó en la expedición del explorador Alonso de Ojeda a San Sebastián de Urabá, en Colombia. Allí comenzó a destacar como hombre de fuerte carácter, en quien podía confiarse cuando la situación se tornaba difícil. Tres años más tarde participó en una expedición dirigida por Vasco Núñez de Balboa, que daría como resultado el descubrimiento del océano Pacífico. De 1519 a 1523 fue regidor, encomendero y alcalde de la ciudad de Panamá, lo que le proporcionó una pequeña fortuna.

Fue en 1523, a la edad de 48 años, cuando se embarcó en la aventura que lo haría famoso. Junto con Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque, comenzó a preparar una expedición que recorrería hacia el sur la costa oeste de Sudamérica. La exploración inicial tuvo lugar entre 1524 y 1527, y durante este tiempo Pizarro y sus hombres soportaron muchas penalidades. Después de divisar una balsa con indios de apariencia civilizada, Pizarro envió a Diego de Almagro en busca de refuerzos a Panamá. El nuevo gobernador, sin embargo, dio órdenes de abandonar la empresa para no perder más vidas. Se produjo entonces el momento célebre en el que Pizarro trazó en el suelo una línea con su espada y, señalando hacia el sur, invitó a los que desearan poder y gloria a cruzarla. Los "trece de la fama" que cruzaron la línea continuaron su exploración de la costa, y comprobaron la existencia de un gran imperio indio. Bautizaron el nuevo país con el nombre de Perú, que tomaron posiblemente del cercano río Virú. Como el gobernador de Panamá seguía negándoles auxilio, los exploradores decidieron que Pizarro debía ir a España para pedir al emperador Carlos V en persona los títulos y apoyos necesarios para la conquista. Pizarro se hizo a la mar en la primavera de 1528. En España consiguió una capitulación firmada por el emperador en la que se le concedía la autoridad y las prerrogativas de un virrey. Diego de Almagro y Hernando de Luque quedaban en posiciones subordinadas.

Junto con sus hermanos Hernando, Juan y Gonzalo, Francisco Pizarro partió hacia Panamá en enero de 1530. Un año más tarde estaba dispuesto a salir hacia el Perú. Para la expedición contaba con un barco, 180 hombres y 37 caballos, a los que más tarde se unieron otros dos barcos. En abril establecieron contacto con emisarios de Atahualpa, el emperador de los incas, que se hallaba entonces cerca de la ciudad de Cajamarca con un ejército de unos 30.000 hombres. Algo desdeñoso del pequeño ejército Español, el inca aceptó encontrarse con Francisco Pizarro en la ciudad.

El 15 de noviembre, Pizarro dispuso la artillería y envió a su hermano Hernando para solicitar una entrevista. Después de un día de tensa espera, Atahualpa hizo su entrada en la gran plaza de Cajamarca, con un séquito de unos 3.000 o 4.000 hombres prácticamente desarmados. Pizarro envió a un sacerdote, Vicente de Valverde, a exhortar al inca a que aceptara el cristianismo como religión verdadera y al emperador Carlos V como su señor. Como cabía esperar, Atahualpa se negó a ello, por lo que Pizarro ordenó inmediatamente el ataque. Los incas fueron derrotados y el mismo Pizarro logró hacer prisionero a Atahualpa. Se enfrentaba entonces con el problema de mantener su posición hasta la llegada de los refuerzos de Panamá. Atahualpa fue retenido como rehén, y no logró obtener la libertad a pesar de cumplir su promesa de llenar con oro y plata la habitación en la que se encontraba retenido. Este acto sólo sirvió para difundir aún más la leyenda áurea del Perú. Acusado de haber ordenado la ejecución de su hermano Huáscar desde la prisión, y de planear un complot contra los Españoles, Atahualpa fue ejecutado el 29 de agosto de 1533. La noticia de su muerte dispersó a los ejércitos incas que rodeaban la ciudad. Pizarro se dirigió a Cuzco, la capital del imperio, que fue ocupada sin apenas resistencia en noviembre de 1533. Los Españoles nombraron rey a Manco Cápac, hermano de Huáscar.  Durante el resto de su vida, Francisco Pizarro se ocupó de consolidar el dominio Español en el Perú y defender su patrimonio y el de sus hermanos. Las divergencias entre Pizarro y Diego de Almagro se acentuaron como resultado de los amplios poderes que Pizarro había recibido del emperador de España. Diego de Almagro pretendió apoderarse de Cusco, pero Pizarro lo persuadió de que emprendiera la conquista de Chile. Tras una expedición poco fructífera a aquellas tierras, a causa de la pobreza del país, Almagro regresó al Perú y se apoderó por la fuerza de Cuzco. Derrotado en la batalla de las Salinas, fue hecho prisionero y ejecutado más tarde por orden del hermano de Pizarro, Hernando. Francisco Pizarro se encontraba entonces en Lima, ciudad que había fundado en 1535 y en la que pasó los últimos años de su vida. Los antiguos partidarios de Diego de Almagro se agruparon en torno a su hijo y, temerosos de ser eliminados, decidieron dar ellos el primer golpe. Atacaron el palacio de Francisco Pizarro y asesinaron al ya anciano conquistador el 26 de junio de 1541. Este murió besando una cruz que con su propia sangre había trazado en el suelo.

 

 

 

Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.