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 SAN IGNACIO DE LOYOLA

 

 La Compañía de Jesús, orden religiosa fundada por san Ignacio de Loyola y cuyos miembros son conocidos como jesuitas, se mantendría en el curso de los siglos como una de las instituciones más influyentes de la Iglesia Católica.

Íñigo López de Recalde -nombre natal de san Ignacio- nació en 1491 en la casa solariega de su ilustre familia en Loyola, localidad vasca (guipuzcoana) incorporada al reino de Castilla. A los catorce años entró como paje al servicio del contador mayor del reino, Juan Velázquez de Cuéllar, y a la muerte de éste ingresó al servicio del virrey de Navarra. En la defensa de Pamplona contra los franceses, en 1521, fue herido en una pierna, hecho que resultó trascendental en su vida. Dedicó su convalecencia a leer algunos libros devotos y vidas de santos y a reflexionar sobre ellos, tal mella hicieron en él que decidió entregarse totalmente al servicio de Cristo.

Las promesas formales de este cambio fueron hechas ante la Virgen de Montserrat, en Cataluña, en 1522. Durante diez meses vivió en una cueva cercana a Manresa, junto a Montserrat, entregado a una vida particularmente austera; allí fue donde escribió la primera versión de sus célebres Ejercicios espirituales. Tras una peregrinación a Tierra Santa, en 1523, llegó a la convicción de que debía perfeccionar y profundizar su formación intelectual para obtener mayores frutos de su labor de apostolado. Estudió en Barcelona, Alcalá y Salamanca, al tiempo que difundía sus ideas de renovación espiritual, lo que atrajo las sospechas de la Inquisición. Tras un breve encarcelamiento, se le prohibió predicar; ello lo indujo a marchar a París, ciudad a la que llegó en 1528.

Mientras cursaba sus estudios de teología en la Universidad de la Sorbona trabó amistad con varios compañeros españoles, entre ellos san Francisco Javier, amistad que desembocó en la fundación de una hermandad religiosa, que en 1534 hizo voto de castidad, pobreza y obediencia en la Iglesia de Montmartre. Ordenados sacerdotes en 1537 en Venecia, desde donde pensaban peregrinar a Jerusalén, san Ignacio y sus compañeros, que ya habían conseguido un notable grupo de seguidores, recibieron del papa Paulo III el encargo de predicar en Roma. En 1540 el pontífice aprobó las Constituciones de la Compañía de Jesús, de la que san Ignacio fue elegido al año siguiente superior general.

Desde ese momento se entregó con ahínco a la organización de la orden, que en vida del santo contaba ya con unos mil miembros diseminados por Europa, África, Asia y América. En 1548 aparecieron, con la aprobación papal, los Ejercicios espirituales, en los que exponía su concepción de un cristianismo profundo e interiorizado, aunque abierto al mismo tiempo a la misión evangelizadora. Aunque en un principio san Ignacio no pensaba incluir la enseñanza entre las tareas de la orden, pronto comprendió su necesidad, y ya en 1551 fundó el Colegio Romano -posterior Universidad Gregoriana-, al que seguirían otros seminarios.

San Ignacio de Loyola murió el 31 de julio de 1556 en Roma. Su Autobiografía (1555) constituye un fiel reflejo de la personalidad piadosa y vital del santo, que fue canonizado en 1622.

 

Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.