Búsqueda personalizada

ÍNDICE

Alejandro VI
Alighieri, Dante
Boccaccio, Giovanni
Brunelleschi, Filippo
Bruno, Giordano
Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez
Carlos V
Castiglione, Baltasar
Clemente VII
Colon , Cristobal
Contrarreforma
Copérnico, Nicolás
Cortés, Hernan
Des Pres, Josquin
Dias, Bartolomé
Elcano, Juan Sebastian
Enrique el Navegante
Calvino, Juan
Enrique  VIII
Escorial, el
Fernando II el Católico
Ficino, Marsilio
Galileo
Gutemberg, Johannes
Humanismo
Imprenta
Inquisición
Inquisición
Compañía de Jesús
Knox, John
Lutero, Martín
Magallanes, Fernando
Manierismo
Masaccio
Mediccis
Giovanni Pico de la Mirandola
Moro, Tomas
Pablo III
Palestrina
Paz de Augsburgo
Petrarca
Pizarro, Francisco
Reforma
Renacimiento
Rotterdam, Erasmo de
San Carlos Borromeo
San Felipe Neri
San Ignacio de loyola
San Juan de la Cruz
Santa Teresa de Jesús
Savonarola
Sforza
Trento, Concilio
Valla, Lorenzo
Vives, Juan Luis
Zuinglio, Ulrico
 
 
Renacimiento
Renacimiento

IMPRENTA

 

Si la invención de la escritura marcó el comienzo de la historia humana propiamente dicha, el largo proceso de invención y perfeccionamiento de la imprenta y de las artes gráficas señaló el paso de las sociedades tradicionales a las modernas. Estas últimas, sobre todo cuando se convierten en sociedades de grandes masas, no pueden ordenarse sin el supuesto de la producción de material impreso. Las aplicaciones de las artes gráficas son incontables, y van desde los periódicos y libros hasta los signos de las carreteras, el papel moneda, los productos textiles e incluso los circuitos electrónicos.

Antecedentes

La aparición del arte de imprimir exigió, desde el punto de vista técnico, tres supuestos básicos. Para poder imprimir un texto o una imagen era necesario disponer, ante todo, de papel, un elemento que, por su bajo costo y su lisura, es el que mejor se presta a esos fines. El segundo supuesto era la existencia de tintas y colorantes apropiados, y el tercero, algún tipo de superficie que contuviera la imagen que se deseaba imprimir, tallada en piedra o madera, fundida en un metal, o realizada siguiendo otros procedimientos.

 Dos mil años antes de Cristo, China estaba en posesión de todos esos elementos. En aquel entonces se utilizaron pilares de mármol sobre los que se habían esculpido textos budistas en relieve. Después de entintados, los peregrinos aplicaban sobre ellos hojas de papel en las que se reproducían, así, aquellos textos.

En el siglo XI de la era cristiana, el alquimista chino Bi Sheng usó por primera vez tipos móviles, cubos de madera en cuyos extremos habían sido tallados los caracteres. Bi Sheng los pegaba sobre una plancha de hierro, los entintaba y procedía a la impresión. El pegamento que usaba le permitía retirar aquellos primeros tipos y volver a utilizarlos. El gran número de ideogramas del alfabeto chino impidió, sin embargo, la divulgación y desarrollo de aquel invento fundamental.
 
La invención de la imprenta

  El papel llegó a Europa en el siglo XII, a través del mundo árabe, y como artículo de importación. Sólo en el siglo XIII los italianos y los franceses estuvieron en condiciones de fabricarlo por sí mismos. Es probable que el acceso al papel permitiera el renacimiento occidental de la xilografía, que ya se había empleado en China, y que consiste en imprimir sobre papel los relieves de una plancha de madera.

Los primeros libros impresos por xilografía aparecieron en el siglo XV. Una versión en metal de la plancha xilográfica, que conformó la técnica llamada metalografía, se desarrolló poco después. Apenas quedaba entonces un paso para la invención -atribuida al neerlandés Laurens Coster- de los tipos móviles y reutilizables, para los que los alfabetos romano y griego -debido a su reducido número de signos- son especialmente adecuados.

Correspondió, sin embargo, al alemán Johannes Gutenberg, a mediados del siglo XV, el honor de ser el iniciador de los modernos procedimientos de las artes gráficas. La prensa de Gutenberg utilizaba tipos móviles metálicos que llevaban grabadas las letras, los signos de puntuación y los números en una de sus caras, y que, a diferencia de los tallados en madera, podían ser utilizados muchas veces. Los tipos se colocaban uno tras otro, a mano, en una vara de madera que los sujetaba. Las palabras quedaban separadas por un tipo sin relieve alguno y que no imprimía nada. Las líneas así obtenidas se ordenaban en una caja y, después de mojarlas con tinta, se aplicaba sobre ellas una hoja de papel. Una plancha, llamada platina, descendía sobre la caja, por obra de un tornillo, y los caracteres quedaban grabados por presión. El método de Gutenberg era mucho más flexible que la xilografía, producía impresos de más calidad y permitía imprimir ambos lados de cada hoja.

 

Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.