MANIERISMO

 
 

INDICE

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Juzgado severamente durante siglos como una degeneración del arte renacentista, el manierismo sería reconocido por la crítica moderna como una fase necesaria dentro de la evolución artística, que al margen de sus valores propios planteó muchos de los problemas que harían surgir la estética barroca.

Por manierismo se conoce un estilo artístico caracterizado por la tensión deliberada, la subjetividad y el artificio ingenioso, que se difundió en toda Europa durante el transcurso del siglo XVI.

Características generales
 
El término manierismo procede del italiano maniera, que en el siglo XV se popularizó para definir el estilo propio de un pintor. A principios de la centuria siguiente el pintor y tratadista florentino Giorgio Vasari alabó la bella maniera de aquellas obras que alteraban deliberadamente las normas clásicas de representación de la realidad a fin de realzar el estilo del autor. De ahí que en el siglo XX se acuñara la definición de manierismo para esta concepción artística.

De manera general, el manierismo surgió como una reacción frente al clasicismo renacentista, a cuya armonía y equilibrio opuso la exageración y el contraste. De acuerdo con la crítica actual, la perfección de las obras clásicas de Rafael o Miguel Ángel habría llevado a una imposibilidad de asimilación por parte de sus seguidores, que se vieron obligados a buscar la expresividad mediante la acentuación de diversos elementos. En este sentido, las obras tardías de los propios Rafael -"Transfiguración"- y Miguel Ángel -"Juicio final"- habrían supuesto modelos manieristas.

Tal búsqueda de la expresividad llevó a los manieristas a un peculiar tratamiento de los cuerpos humanos, alargados con elegancia, distorsionados o quebrados. El colorido, la luz y el espacio se enfatizaron de forma parecida. Las figuras se acoplaban unas con otras, lo que complicó los escorzos o perspectivas forzadas. A los grupos del período anterior, enlazados simétricamente con soltura, sucedieron ahora las composiciones escalonadas o sobrepuestas que se agrupaban o dispersaban siguiendo normas que rompían deliberadamente con las clásicas. En la expresión de los rostros se tendió igualmente a acentuar los sentimientos, ya fueran de blanda dulzura o de agónico sufrimiento.

Si bien surgió en el terreno de la pintura, la preminencia dada por el manierismo a la artificiosidad se extendió a la arquitectura, particularmente en el énfasis dado a la decoración y a la escultura, que persiguió a menudo la ornamentalidad. Ese mismo espíritu produjo un extraordinario auge de artes esencialmente decorativas como la orfebrería, la joyería, el diseño de tapices, etc., que lograron un nuevo rango.
 

Desarrollo y expansión
 
Las primeras manifestaciones del manierismo se produjeron en Italia en la segunda década del siglo XVI con las obras de los pintores florentinos Jacopo Pontormo, Rosso Fiorentino, Bronzino y Vasari. Estos dos últimos constituyeron una etapa más avanzada, en la que podía observarse la influencia en la monumentalidad romana manifestada en el ímpetu contenido de las obras de Miguel Ángel. Algunos años después, el manierismo se manifestó en la misma Roma y se fundió, según ya se ha apuntado, con los estilos tardíos de Rafael y Miguel Ángel. Entre los seguidores del primero destacaron Giulio Romano -arquitecto y decorador del Palacio de Té de Mantua- y Francesco Salviati, y entre los de Miguel Ángel sobresalieron Daniele da Volterra y Pellegrino Tibaldi. En las siguientes décadas el manierismo dejó de circunscribirse a Florencia y Roma y se extendió por toda Italia. Dentro de la escuela veneciana, Tintoretto introdujo rasgos tomados del manierismo.

En el norte de la península, los pintores manieristas presentaron influencias de Correggio, como se observa en el Parmigianino y en Federico Barocci. Durante los últimos años del siglo, Annibale Carracci y Caravaggio marcaron el tránsito del manierismo al barroco.

En el norte de Europa, la influencia italiana se mezcló con un expresionismo gótico tardío detectable en la obra de Albrecht Altdorfer e incluso en algunas pinturas de Alberto Durero. De esta forma se originó un tipo de manierismo muy personal.

La maniera italiana se extendió rápidamente en Francia y dio lugar a un estilo de gran refinamiento, que se manifestó especialmente en la corte de Fontainebleau. Allí trabajaron los italianos Benvenuto Cellini, un extraordinario orfebre, y Rosso Fiorentino bajo la protección de Francisco I. Centros importantes del manierismo fueron también las cortes de Margarita de Austria en Malinas, Flandes, y del emperador Rodolfo II en Praga.
 
En España el manierismo se manifestó en todas las artes. Los pintores más representativos fueron Pedro Machuca, Luis de Morales y sobre todo El Greco, cuyas obras constituyeron un cumplido ejemplo de deformación y alargamiento de origen místico. Escultores manieristas de relieve serían Juan de Juni y Alonso Berruguete, que aplicó asimismo sus concepciones a la arquitectura.

En los Países Bajos, el llamado manierismo de Amberes, que surgió de forma más o menos independiente y se caracterizó por la afectación de las escenas, se mezcló con la maniera a través de los cartones para tapices de Rafael, enviados para su tejido a Bruselas, y de la amplia proliferación de las artes gráficas en Europa a lo largo del siglo XVI. Muchos pintores, especialmente los holandeses -entre ellos Pieter Coecke van Aelst y Maerten van Heemskerck-, viajaron a Roma para estudiar las obras que se habían conservado de la antigüedad y retornaron a su patria bajo la influencia del nuevo lenguaje italiano. Estos "romanistas", como eran llamados, desarrollaron un nuevo repertorio de temas bajo influencia manierista: pintura de género, paisaje, fantasía arquitectónica, pintura histórica, sátira y retrato introspectivo. Otros artistas famosos del movimiento manierista en los Países Bajos fueron Hans Vredeman de Vries y Cornelis II Floris, así como, en ciertos aspectos, el gran Pieter Brueghel el Viejo.

El manierismo murió en buena medida como producto de sus excesos, que lo llevaron a fórmulas petrificadas y distantes de la realidad. En este sentido, el barroco constituyó una vuelta al intento de representar verazmente la naturaleza, pero no ya según el modelo ideal de los renacentistas, sino en el ámbito de una naturaleza dinámica y que contenía en sí contrastes y tensiones. Desde esta perspectiva, pues, cabe considerar que el manierismo supuso una transición hacia el barroco, si no en sus fórmulas, sí al menos en las interrogantes que planteó sobre la materia artística.

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Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.