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Imperio Carolingio
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El advenimiento de los Carolingios. (751). Los francos formaban en el siglo VIII el más importante reino bárbaro romano de Occidente. Pero los reyes merovingios de esta época fueron soberanos incapaces, cuya indolencia justifico el nombre de "reyes holgazanes" que suele aplicárseles. Su en le costumbre de dividir el territorio real entre sus hijos fomentaron las reyertas civiles y originaron la separación del reino en cuatro grandes regiones: Aquitania, Burgundia, Neustria y Austrasia, gobernadas por verdaderas dinastías locales de, nobles poderosos,
Los reyes merovingios, lejos de tratar de poner fin a esa situación, se desinteresaron del ejercicio efectivo de la autoridad real y delegaron toda la responsabilidad del poder en unos funcionarios llamados mayordomos de palacio que, en su nombre, administraban los dominios reales, vigilaban la percepción de impuestos y mandaban el ejército.
Desde el siglo VII, tan importante cargo había recaído, hereditariamente, en la familia de lo, Heristal duques de Austrasia. El más famoso de estos Duques de Austrasia fue Carlos Martel, el vencedor de los musulmanes en
Poitiers (732). El hijo de Carlos Martel, llamado Pipino el Breve, fue quien, tentado por la autoridad que ejercía, resolvió terminar con el ficticio poder de los reyes merovingios y destronó al rey Childerico III haciéndose coronar en su lugar.

Pipino realizó sus planes con gran habilidad. Disponía de la fuerza material necesaria para destronar a Childerico III, pero quiso complementarla con el apoyo de la autoridad espiritual de la Iglesia, que tan poderosamente había contribuido a la fundación de la dinastía merovingia. En consecuencia, requirió la opinión y consejo del Papa sobre sus proyectos. Según cuenta un cronista de la época, en el año 751 envió a Roma a dos obispos con el encargo de consultar al papa Zacarías "respecto de los reyes francos, que tenían el título real, pero no la autoridad". El Papa respondió "que más valía llamar rey a quien poseía autoridad de tal y no al que carecía de ella". Estimulado con esta respuesta, Pipino convocó una asamblea de nobles en Soissons y se hizo proclamar rey de los francos. En cuanto a Childerico III, fue encerrado con su hijo en un monasterio. Poco después, Pipino fue consagrado solemnemente por el papa Esteban II, que se trasladó a la abadía de Saint-Denis para ungirlo con el óleo santo y proclamarlo "rey de los francos por la gracia de Dios". Esto dio a la nueva dinastía el carácter divino que le proporcionó un prestigio singular ante sus súbditos. Al mismo tiempo, dejó establecida la alianza de los carolingios con el Papado.

Pipino crea los Estados Pontificios: En esos tiempos, el reino lombardo de Italia pretendía apoderarse de Roma para hacer de ella su capital. Ante este peligro, el papa solicitó la ayuda de Pepino, el cual pasó a Italia al frente de sus tropas, derrotó a los lombardos y les quitó algunos territorios de los cuales hizo donación al pontífice (755). Tales fueron los Estados Pontificios, situados en el centro de la península y formados por el exarcado de Ravena y la Pentápolis (o cinco ciudades), con la ciudad de Roma por capital.
Desde ese momento, los papas disponen del poder temporal necesario para mantener su independencia frente a vecinos poderosos: sostienen tropas, cobran impuestos y gobiernan sobre sus Estados como verdaderos reyes.

 

 

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